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martes, 4 de octubre de 2016

Cold weekend



Este fin de semana con el paso del huracán Matthew no hubo manera de salir de tour. Santa Marta siempre colapsa cuando hay lluvias, este finde con brisa fuerte y todo fue peor. No había acceso a Minca por los deslizamientos y la caída de numerosos árboles que bloquearon la carretera; las playas estuvieron cerradas por decreto, por las grandes olas y la fuerte corriente provocada por la cercanía del huracán (aunque muchos necios fueron a bañarse).

Tocó ir a centros comerciales a refugiarse de la lluvia y a vitrinear un rato. Lo curioso fue que la mayoría de la gente salió enchaquetada y con gorritos, hasta vi una señora con un abrigo esquimal. Yo pensé que era la única vestida como si estuviera en Medellín o Bogotá (jaja), iba con un jogger, tenis y buzo, estilo sport.



El sábado fue imposible salir porque la lluvia fue continua. Tocó quedarse en casita, en current mood, adelantando uno que otro trabajo. Aproveché al final del día para ver algunos capítulos de "The Big Bang Theory" con una amiga que llegó también a hacer tareas.

Con ustedes, el Buenavista... ¡Chan, chan, chan!
El domingo la salida fue obligatoria por la votación y luego si a Buenavista para almorzar y pasear. Mi mamá aprovechó en Homecenter para comprar la tapa de inodoro que ya cumplió su ciclo. Por políticas ambientales no dan bolsa, así que mi mamá agarró su tapa de inodoro —que venia en una bolsa transparente con manigueta— y muy digna ella, recorrió medio centro comercial exhibiéndola. Les quedo debiendo las fotos de la gente enchaquetada y de mi estancia en el centro comercial para el próximo fin de semana frío que haya.



Cuando llegamos a la casa tipo 5 de la tarde, después de haber hecho la compra (lo que la mayoría llama "hacer mercado"), subí normal y cuando voltee a ver desde el balcón, la vista era impresionante: se veían las nubes tan blancas, como algodones, que coronaban la montaña de color azul cobalto y en debajo de otro grupo de nubes grises. En 3 años que llevo viviendo ahí, la vista desde el balcón nunca había sido tan bonita. Yo corrí a buscar la cámara y tomé mi súper foto—porque si algo he aprendido es que en el cielo la organización de las nubes dura pocos minutos—. Esta vista, después de días de nubarrones y cielo gris era mejor que un arcoíris. 



Lo mejor de este clima es poder dormir con el abanico en la mínima velocidad, pantalón largo, sabana, cobija y aun no tener calor. Es genial poder levantarse y no tener que bañarse enseguida por este sudando. Ojalá los dioses del clima, de los samarios y de los pobres estudiantes que salimos de clase a las doce del día, se apiaden y mantengan este aire acondicionado en la ciudad por el resto del semestre—sin tanta lluvia claro—.

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