Cuando pensé en ir a esta playa, tenía en la mente un lugar tranquilo, solitario. Sorpresa me llevé cuando estaba llena, no como el Rodadero, más bien como Taganga, pero no esperaba encontrarla así.
Recuerdo que en vacaciones de mitad de este año vine un sábado por la tarde, y en ese entonces la playa tenía poco movimiento. Ahora está de moda ir a bañarse a Bello Horizonte o Cabo Tortuga, como algunos llaman a todo el sector —cuando en realidad solo se refiere al cabo que se ve a la derecha—.
Ya están las negritas de las trenzas, los mangos, los cocos, los gusanitos, las motos marinas, y las carpas, lo típico de una playa. Hay gente bajo las carpas, otros en la arena, otros más bañándose (no la mayoría), y en un grupo aparte los que van de aquí para allá. En esta ocasión vi gente de toda clase: samarios ojos azules con notoria pinta de buena familia, gringos, personas del común y universitarios. De todas las edades.
Ya están las negritas de las trenzas, los mangos, los cocos, los gusanitos, las motos marinas, y las carpas, lo típico de una playa. Hay gente bajo las carpas, otros en la arena, otros más bañándose (no la mayoría), y en un grupo aparte los que van de aquí para allá. En esta ocasión vi gente de toda clase: samarios ojos azules con notoria pinta de buena familia, gringos, personas del común y universitarios. De todas las edades.
Tal cuál como ahora se comporta esta playa era el movimiento del Rodadero que describo en mi anterior crónica, me refiero a la dinámica que tenía hace unos 8 años. Bello Horizonte está creciendo y el turismo, además de los samarios se están viniendo para acá. En frente mío había un grupo de niños jugando en una moto acuática, estuvieron todo el rato lanzándose al agua desde ella y volviendo a subir. Esta vez si me acordé de tomar video...
En este fin de semana que fui, hubo un evento que obviamente movió gente, fue el Festival de Verano y Música al Mar. La playa estaba entre el ir y venir de la gente, la música de fondo y el mar. Yo estuve todo el rato distraída viendo al tipo que estaba haciendo flyboarding en el mar.
La estadía se disfruta hasta las 5:30. De ahí en adelante
comienzan a picar los mosquitos reales y los mosquitos virtuales, del
desespero salí corriendo y no alcancé a fotografiar el atardecer . Ya
desde el carro en la carretera negra veía a la izquierda el cielo
dibujado entre azules en contraste con toques naranjas.
De despedida pasó un avión y como todos en la costa, miramos al cielo a verlo volar. Les dejo la colección fotográfica...
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